El juego, una herramienta mágica en el desarrollo integral

La mayoría de las personas piensan que el estrés aparece como algo totalmente negativo. La verdad es que el estrés es una respuesta fisiológica normal y necesaria, que resulta trascendental a la hora de permitirnos enfrentar y responder a situaciones que el individuo percibe como exigentes y estresantes.

Enfrentar una entrevista de trabajo, una prueba, un cambio de colegio, un partido de football, etc., puede provocar estrés. El estrés desencadena una serie de respuestas a nivel nervioso, cardiovascular, inmunitario y neuroendocrino. Estas respuestas permiten que nos adaptemos a los estímulos externos y son necesarios siempre y cuando no se prolonguen en el tiempo para transformarse en una patología.

Si el estrés se prolonga en el tiempo, estamos en un estado de riesgo permanente, sin poder alcanzar un estado de relajo, calma y equilibrio.

En el caso de los menores de edad, ellos no solo responden a estímulos propios, sino también se hacen parte de las vivencias de sus padres y adultos que los rodean. Así, los adultos pueden transmitir los estados de estrés a los niños(as), sin percibir el efecto que pueden generar.  

La vida moderna somete a los niños, niñas y jóvenes a exigencias permanentes, ya sean desde el ámbito familiar, escolar, cultural y social. Muchas veces los padres no perciben que sus vivencias positivas y/o negativas, así como sus temores, inseguridades y frustraciones, se transmiten a sus hijos e hijas, sin que estos alcancen a comprender completamente lo que esto significa.

Los adultos, hacemos sentir a nuestros hijos e hijas que ellos están en un constante proceso de evaluación y que por ende deben ser tan buenos o mejores que sus padres en todos los aspectos de la vida. Los niños(as) asumen que deben ser exitosos académicamente, esforzarse por tener buenas notas y ser reconocidos como excelentes alumnos(as).

¿Cuántas veces hemos escuchado decir o hemos dicho a nuestros hijos(as) al dejarlos en el colegio “Pórtate bien, estudia, preocúpate de tus notas..?

¿Y cuántas veces les hemos dicho a nuestros hijos e hijas «Juega, pásalo bien, ríete, disfruta el recreo”?

En estados de estrés se liberan hormonas que alteran diferentes vías metabólicas, que permiten que el organismo responda velozmente a estímulos externo y se obtengan respuestas rápidas y eficientes. Sin embargo, en estados de estrés prolongado estas alteraciones hormonales pueden provocar alteraciones fisiológicas altamente perjudiciales. Por ejemplo, una liberación permanente de la hormona Cortisol (principal hormona del estrés), provoca un estado de alerta, huida y de lucha permanente que puede terminar por provocar ansiedad, depresión, dolores de cabeza, alteraciones del sueño, entre otros efectos.

Así como durante los períodos de estrés prolongado se liberan diferentes hormonas que podrían terminar enfermando a nuestro organismo y cerebro, durante el juego se liberan otro número de hormonas que provocan el efecto contrario.

Cuando un niño juega, se liberan varias hormonas que combaten el estrés, provocan felicidad, mejoran la concentración y estimulan la imaginación.

La Serotonina: Disminuye el estrés y controla el estado de ánimo.

La Acetilcolina: Favorece la concentración, la memoria y el aprendizaje.

Las Endorfinas y Encefalinas: Aumentan la creatividad y sensación de felicidad.

Dopamina: Estimula la actividad muscular y por ende el juego, así como la imaginación y creatividad.

Los estudios muestran que el juego es crucial en el desarrollo de los niños(as). No solo les ayuda a socializar, también a imaginar, soñar, crear y sobre todo a que sus cerebros se desarrollen y se conviertan en niños(as) saludables.  

Está demostrado que el jugar reduce la ansiedad y permite que nos sintamos de mejor ánimo. Esto a su vez nos hace sentir felices y nos impulsa a explorar, crear y soñar.  Todo esto se acompaña además por permitir realicemos una actividad física, contribuyendo positivamente con la salud y bienestar. Todos los músculos se activan, permitiendo poner en práctica y mejorar el control motor, la coordinación, la visión, el tacto y el olfato.

Los niños cuando juegan, adoptan personajes, situaciones, roles, etc., que les ayuda a enfrentar sus propios miedos, desafíos, que en conjunto les ayuda a crecer. El juego es una forma sana de crecer, de explorar, de vivenciar situaciones, de interactuar con el entorno y los pares y sobre todo de sentirse libre para expresar emociones, sentimientos. El poder expresar emociones y sentimientos cuando somos niños, seguramente determinará nuestro comportamiento de adultos.

Los sentimientos se originan en la región neocortical del cerebro y son una respuesta a las emociones y son de larga duración. Los sentimientos son producto de información integrada, que se generan por experiencias vividas y son producto de las emociones provocadas en un individuo.

Las emociones son impulsos o reacciones automáticas, producto de un estímulo externo. Las emociones nos impulsan hacer algo de inmediato, son intensas y de corta duración.

El juego permite que los niños(as), experimenten diferentes sentimientos y emociones, que los ayudará a conocerse a sí mismos, saber reaccionar con otros, fortalecer su personalidad, etc. El juego en los niños(as) permitirá que estos(as) experimenten sentimientos y emociones:

  • Negativas: tristeza, miedo, hostilidad, frustración, ira, desesperanza, culpa, celos
  • Positivas: felicidad, humor, alegría, amor, gratitud, esperanza
  • Neutras: Compasión, sorpresa

Cada uno de los sentimientos y emociones que experimenten los niños(as), los hará crecer y les aportará un porcentaje importante en la consolidación de su personalidad. Los sentimientos negativos contribuyen también en fortalecer la personalidad de los niños(as) y deben experimentarlos no solo para conocerse a sí mismos, superar frustraciones y penas, sino también para disfrutar con mayor intensidad cuando vivan momentos plenos que les provoque sentimientos positivos.

Por ende, debemos dejar que nuestros niños(as), jueguen, que sus cerebros piensen, se sientan libres de sentir todas las emociones y sentimientos que les ayuden a crecer sanamente.

Marta Adonis Parraguez
Vicerrectora
Colegio Uves

DEJEMOS QUE LOS NIÑOS(AS) JUEGUEN

Bibliografia:

  1. McHale SM1Blocklin MKWalter KNDavis KDAlmeida DMKlein LC. The role of daily activities in youths’ stress physiology. J Adolesc Health. 2012;51(6):623-8.
  2. Martinsen KD, Rasmussen LMP, Wentzel-Larsen T, Holen S, Sund AM, Løvaas MES, Patras J, Kendall PC, Waaktaar T, Neumer SP. Prevention of anxiety and depression in school children: Effectiveness of the transdiagnostic EMOTION program. J Consult Clin Psychol. 2019 Feb;87(2):212-219